domingo, 24 de julio de 2011

Taxidermia en mamíferos y aves



Procederemos de manera inmediata al fallecimiento del animal a la retirada de la piel. Se realiza con ayuda de un escalpelo o un cuchillo muy afilado, extrayendo la piel de una pieza. Para ello realizamos un corte de garganta a cola y en la zona menos visible de las patas del animal. Este último corte abarcara de la muñeca hasta que comunique con el corte longitudinal ventral que anteriormente hemos realizado.

Esta piel se limpia superficialmente y se sala bien, extendiendo la sal por la cara del pelo y por el cuero. (El fin de salar la piel es extraer el agua que se encuentra retenida en la piel y formar un medio supersalino que haga imposible la descomposición de la piel por parte de los microorganismos) Una vez seca se procederá a la rehidratación de la piel y se procederá al curtido de esta en tres procesos:

  • Remojo (la piel se rehidrata y limpia)
  • Piquelado (la piel se desnaturaliza, mediante salado y acidulado, hasta un determinado pH)
  • Curtido (la piel se curte y engrasa)
  • Tras el piquelado la piel se limpia totalmente, siendo necesario si es muy gruesa, rebajarla mediante cuchillos especialmente diseñados o maquinaria.

El cuerpo
Actualmente se utilizan esculturas del animal realizadas en poliuretano de rigor anatómico, o en otros materiales menos utilizados, como la escayola o la fibra de vidrio.
Para realizar el cuerpo se requiere de la observación del animal vivo y conocimientos anatómicos amplios además de las medidas del animal al cual vamos a naturalizar.
Una vez recubierta con la piel la escultura del cuerpo, se coserá con un hilo resistente y entonces se procederá a la parte más complicada, en la cual se le da la apariencia de vida: colocación de ojos, piel y boca sintética (si la tuviese).
Una vez terminada la colocación de la piel se deja que expulse la humedad del curtido y entonces se realzan los colores que el animal tenía en las zonas sin pelo, dado que lo pierden, y se restaura alguna posible imperfección.

Taxidermia en aves
Similar a la de los mamíferos, aunque hay que tener especial cuidado con mantener limpias las plumas de los fluidos del propio animal

Otras técnicas
Por otro lado, existe una técnica basada en congelar en seco al animal llamada Freeze Dry. Aunque sólo es relativamente efectivo llevarlo a cabo con aves y reptiles, es un método algo más rápido y sencillo que el tradicional aunque el resultado no es mejor que la de un buen taxidermista.

miércoles, 2 de junio de 2010

Inclusiones plásticas

Inclusión u oclusión plástica es el proceso por el cual un animal queda dentro de una masa de resina transparente. Sus fines pueden ser tanto decorativos como científicos; así nos encontramos inclusiones plásticas que nos sirven como llaveros, pisapapeles, etc., e inclusiones plásticas que conservan en su interior intactos, a lo largo de los años, los ejemplares para los museos y laboratorios.

Este método de conservación está especialmente indicado para las especies animales de pequeño tamaño, como, por ejemplo, los insectos, y para aquellos otros que, además de su pequeño tamaño, son de consistencia blanda, por lo que su conservación por otro sistema presenta mayores problemas. Cuando se detalle el proceso a seguir para obtener una inclusión plástica, veremos como el principio fundamental de las mismas es el de introducir un animal en una masa de plástico transparente, una vez que se ha tratado convenientemente para evitar que entre en fase de descomposición. El animal así tratado permite su observación, mientras que ningún agente externo actúa sobre él.

Gracias al actual desarrollo de la química moderna, hoy se dispone de innumerables tipos de resinas o plásticos aptos para tal fin, pero las que han demostrado dar mejores resultados, después de múltiples experiencias, son las resinas sintéticas de tipo poliester. Son superiores a los metacrilatos debido a que son más fáciles de manejar y no presentan ninguna clase de inconvenientes insalvables una vez conocidos. Por añadidura, el proceso de inclusión con las resinas de tipo poliester es más rápido y éstas se pueden adquirir fácilmente en los comercios del ramo.

Una vez se dispone del objeto, o del animal a incluir, se elige el molde que por su forma y dimensiones sea el más adecuado. En un trabajo de aficionado, pueden utilizarse moldes que no sean exclusivos para este fin, como son algunos recipientes destinados a guardar comida, bebidas, etc. Tan sólo han de cumplir la exigencia mínima de ser flexibles para favorecer el desmolde una vez la resina se haya secado y haya llegado al estado sólido.

Es importante, antes de empezar a explicar el proceso de inclusión, dejar bien claro que el animal u objeto ha de estar completamente exento de agua o humedad, ya que éstas reaccionan con la resma dificultando y enturbiando la acción de polimerización de aquélla. La preparación hecha mezclando la resina y el catalizador, no se hará hasta que el animal no esté perfectamente muerto y seco, para evitar que aquélla empiece a secarse antes de que el animal esté listo para ser introducido. Según que los animales sean de consistencia dura o blanda se ha de proceder de distinta forma, pero ésto es algo que pasaremos a explicar una vez hayamos visto cómo se prepara la mezcla.

Junto con la resma del tipo poliester necesaria para llenar los moldes, hemos de pedir en la tienda el catalizador oportuno y un pequeño frasco de sulfato de dibutilo. Asimismo, sería muy conveniente que no se olvidaran de adjuntar una tabla de proporciones entre resina, catalizador y temperaturas. De todas formas, en el presente capítulo se adjunta una, que nunca se ha de seguir como guía absoluta; el aficionado ha de experimentar hasta encontrar la proporción entre resina, catalizador y temperatura que mejor resultados le proporcione. No hay que olvidar que si se aumenta el catalizador o se sube la temperatura, la reacción es más rápida. Pero lo que a todos puede parecer una ventaja, también presenta serios inconvenientes, al no dar tiempo suficiente para que las burbujas de aire escapen. Por ello se ha de disponer del sulfalato de dibutilo para proporcionar a la resina mayor elasticidad y facilitar, por tanto, la salida del aire.

El proceso de inclusión
Las fases del proceso de inclusión, una vez muerto el animal, son las siguientes:

A) En primer lugar se prepara la cantidad necesaria de resina, más el catalizador y el ftalato de dibutilo, para llenar el molde aproximadamente hasta su mitad. Se vierte en éste y se espera hasta que alcance el estado de solidificación deseado.

Hay que mantener un estrecho control sobre este proceso de endurecimiento para no cometer la equivocación de depositar el animal antes de tiempo, es decir, cuando está demasiado blanda la pasta, ya que el animal tenderá a hundirse o a inclinarse, adoptando una postura incorrecta; tampoco se debe depositar demasiado tarde, cuando ya esté muy dura la mezcla, lo que impediría que el animal quedara adherido a la capa inferior. Esto haría que cuando echáramos sobre él la segunda capa de mezcla, al no quedar adherido a la primera, cambiaría de sitio o de colocación. Por todo esto podemos ver lo importante que es depositar el animal en el momento oportuno, es decir, en el momento en que la capa de resma inferior haya llegado a un punto de endurecimiento tal, que la pieza se quede pegada pero no se hunda. Queda claro, en consecuencia, lo importante que es mantener un estrecho control en el proceso de endurecimiento de la resina. Para ello el preparador puede ayudarse con un alfiler; con él puede comprobar cuándo está la resina suficientemente dura sin perder su viscosidad (fig. 80).

B) En segundo lugar, y una vez colocado el animal, se prepara la segunda colada de resina. Se vierte ésta sobre el animal y se espera a que se solidifique totalmente. La rapidez de este proceso, como ya hemos indicado, depende de la proporción entre catalizador y resina, y de la temperatura a que se trabaje. También dependerá, y aunque sea lógico no queremos dejar de decirlo, del grosor de las capas, o, dicho de otra forma, de la profundidad del molde. Cuando la resina haya llegado a su endurecimiento total, se flexionan las paredes del molde hasta que la inclusión plástica quede libre (fig. 81). Entonces ya sólo queda el pulido, que es la tercera y última fase del proceso.

Para esta etapa se ha de lijar la superficie de la inclusión con lijas de números cada vez menores. La última pasada la podemos pulir con algodón u otro material similar. Aunque hemos dicho que podemos usar como molde cualquier recipiente para realizar las inclusiones plásticas, con tal de que cumpla la exigencia de ser flexible, no queremos dejar de

advertir que siempre son más indicados los moldes fabricados para este fin, pues con ellos se logran esquinas y cantos que apenas hace falta pulir.

Una vez explicado el proceso necesario a seguir con los materiales plásticos de las inclusiones, pasamos a explicar cuál es la preparación exigida por el animal que se ha elegido. Ya hemos advertido sobre la conveniencia de que el animal esté libre de todo resto de agua o humedad, lo que dificultaría la reacción de la resina, por lo que no insistimos más en ello.

Según que los animales sean de consistencia dura o blanda, es decir, que tengan caparazón duro o no, hay que proceder de distinta forma (figs. 82 y 83).


Animales de consistencia dura (insectos, crustáceos, miriápodos, moluscos, etc.)
Cuando el animal ha muerto se procede a extender meticulosamente las extremidades: patas, antenas, etcétera, dejándolas secar por espacio de algunos días para que las articulaciones alcancen la rigidez suficiente para asegurar que no cambien de postura. En esta operación actuamos tal y como se ha explicado en la entomología, trabajando en las tablas de preparación con los alfileres necesarios. Depositada ya la capa de resina en el molde y alcanzada la dureza oportuna, se traslada el animal sobre ella.

A continuación se vierte la segunda capa de resina, cuidando de que no se mueva el animal. Recomendamos que esta segunda capa sea más líquida que la primera para que la resina alcance fácilmente hasta los más pequeños resquicios de la superficie del cuerpo y no queden burbujas de aire pegadas a éste por causa del principio físico de la tensión superficial.
Animales de consistencia blanda (peces, reptiles, anfibios, piezas anatómicas, etc.)

Este tipo de animales presenta un número mayor de dificultades, pues pueden cambiar fácilmente de postura o disposición una vez han sido colocados sobre la primera capa de resina. Por eso, antes de ponerlos sobre ésta y cuando aún estamos en la tabla de preparación con los alfileres ya clavados, se les inyecta un líquido que los endurece y cuya fórmula es:
Alcohol de 96° 170 cc
Formol 40 % 60 cc
Ácido acético glacial 20 cc
Agua destilada 250 cc

Una vez este compuesto los ha endurecido, se llevan sobre la primera capa de resina, de la misma forma a como hemos explicado se hacía con los animales de consistencia dura. A continuación se vierte la segunda capa.

Como ya hemos anticipado, el aficionado ha de ensayar en los prócesos de polimerización hasta que encuentre la fórmula, la proporción y el tiempo que mejor le van. De todas formas, y como ayuda para el neófito, añadimos a continuación una tabla orientativa:
Resina Catalizador Temperatura
15-20 ºC
100 cc 30 gotas ó 1,5 cc
100 cc 20 gotas ó 1 cc 20-25 ºC
100 cc 15 gotas ó 0,5 cc 25-30 ºC

No queremos terminar este capítulo sin dejar de ádvertir a los no iniciados en el trabajo con inclusiones plásticas, que este tipo de resinas despiden intensos olores. El autor puede contar cómo, en más de una ocasión, el portero de su domicilio ha llamado a la puerta mientras preparaba inclusiones plásticas, para asegurarse de que no se hubiera producido ningún escape de gas. Por lo tanto, recomendamos trabajar con aireación abundante para no asustar innecesariamente a la vecindad. Por otra parte, este tipo de resinas no requieren ningún otro tipo de cuidados, pues sus gases son inofensivos tanto para los ojos como para la garganta, y tampoco son inflamables.

Tampoco queremos dejar de animar al aficionado pesimista, que piensa que realizar una inclusión plástica es demasiado difícil; la prueba de su sencillez es que los fabricantes de juguetes están proyectando introducirla como un tipo de manualidad o juego para los niños.


Arácnidos, crustáceos y moluscos

Arácnidos
Para preparar los arácnidos, el método más sencillo y práctico con que puedes trabajar es el de los baños. Este método consiste en someter al animal, durante tres días, a los efectos de una solución compuesta por alcohol al 40 %, más sublimado corrosivo al 2 % y glicerina. Luego, prepara un segundo baño con el sublimado al 5 %, y dejas al animal por espacio de otros tres días. Darás todavía un tercer baño con el sublimado al 10 %, pero éste durará poco tiempo. Una vez terminados los tres baños, lavas el animal para eliminar los posibles restos de sublimado corrosivo, y lo dejas secar, habiendo ordenado previamente las extremidades. Según el tamaño del ejemplar, lo pincharás con un alfiler o, simplemente, en el caso de que sea reducido, lo pegarás encima de la etiqueta correspondiente.

El primer paso que debes realizar cuando trabajes con los crustáceos es lograr que disminuya la parte carnosa del animal y te facilite, por lo tanto, su descarnado. Esto lo conseguirás dejando el crustáceo en un lugar fresco y húmedo hasta que éste muera. Para efectuar el descarnado separarás las extremidades, cortando el caparazón por la parte en que queda unido a sus membranas y abriéndolo. Vacías ahora toda materia blanda que sea susceptible de pudrirse. Para la cola, ayúdate de unas pinzas de disección. Los brazos que terminan en pinzas deberás separarlos por sus articulaciones, procurando conseguir su perfecta limpieza.
Una vez consigas que el animal esté del todo descarnado y limpio, lo lavarás, aplicándole un antiséptico por todo su interior. Hecho ésto, lo dejas secar a la sombra.

Para el montaje basta con que pegues las extremidades al caparazón, ordenando su posición. Cuando el crustáceo sea de un tamaño bastante grande, te será necesario alambrarlo, construyendo con este fin un armazón para darle mayor consistencia. Para ello utiliza un alambre recubierto de guata en cada una de sus extremidades y los unes todos en el centro del caparazón.
Una vez terminado el animal, puedes añadirle una ligera capa de barniz.

Moluscos
Los moluscos desnudos, o que carecen de envoltura, como es el caso del limaco, los conservarás en alcohol tras haberlos lavado en agua dulce para quitarles las mucosidades que los recubren. En los moluscos de concha te será necesario sacar el animal de su interior, lo que lograrás después de haberlo sometido al baño de alcohol. Si el animal se resistiera, puedes someterlo a un baño de agua en ebullición.
En el caso de los moluscos bivalvos, los dejarás al sol hasta que se abran. El descarnado posterior lo efectuarás del mismo modo que en los anteriores. De todas formas, te aconsejo que no los hiervas nunca, pues podría romperse la musculatura que unen las dos conchas, provocando la separación de éstas.
Para lograr que las conchas ofrezcan un aspecto más brillante deberás lavarlas en agua de 20° a 40º, con la ayuda de un detergente y un cepillo. Luego, aplicarás aceite de oliva y polvo esmeril frotándolo. Repite esta operación hasta que la concha adquiera la brillantez que desees.
Conservación de las colecciones
A pesar de que hayas tratado los animales disecados con antisépticos, siempre hay agentes externos que pueden dañar o destruir parcialmente las colecciones. Normalmente, estos agentes destructores son los insectos, pero también la humedad, el


polvo y la luz solar, aplicada directamente, pueden favorecer la aparición de mohos, o, simplemente, decolorar o envejecer la colección. El primer cuidado que te debes exigir es el de mantener la colección en un alto grado de limpieza y sanidad. Por lo tanto, sacude y cepilla con frecuencia las pieles. En el caso de las aves, sacude con suavidad las plumas.
Habrás de tener un gran cuidado con la humedad, pues es uno de los factores que actúa de forma más negativa sobre cualquier animal disecado. Cuando ésta existe, acostumbra a aparecer una capa blanquecina sobre las pieles, lo cual te ayudará a reconocer la aparición de mohos. Además, la humedad favorece el desarrollo de las larvas de insectos. Debido a ésto, debes crear un ambiente seco en los lugares donde tengas piezas de tu colección. Si su tamaño lo permite, es preferible conservar los ejemplares en vitrinas bien cerradas, con alguna substancia deshumificadora en su interior. El producto que mejor te servirá para estos fines es el cloruro cálcico.
También, como hemos dicho, el sol puede dañar seriamente cualquier ejemplar de tu colección. Por tanto, debes procurar colocarlos a salvo de los rayos solares.
Contra los insectos debes procurar llevar, de una forma constante, una labor preventiva. Puedes colocar, dentro de las vitrinas o cerca de los ejemplares, productos que mantengan alejados a los insectos. Te aconsejamos el paradiclorbenzol en pastillas o el alcanfor, aunque es de mayor efectividad el primero.
En las colecciones de insectos coloca, en un recipiente, una solución de nitrobenceno con erosata de haya.
He aquí una relación de los insectos que más pueden dañar las colecciones:
Polilla de los libros: Ataca, principalmente, las colecciones de insectos, pero también las encontrarás en las plumas de algunas aves.
Derméstidos (fig. 79): Ataca las colecciones de insectos, las pieles naturalizadas y también las plumas de las aves. Según qué especie, ataca los cuernos de los mamíferos.
Acarus tirghyphus: Aparece tan sólo cuando el grado de humedad es muy alto y sólo ataca las pieles cuando éstas ya están muy enmohecidas.
Polilla tinea pellionella: Ataca los tejidos de lana y las pieles de los mamíferos disecados. Pyralis farinalis: Puede aparecer cuando la humedad ya existe.
Para ejemplares de gran tamaño puedes emplear insecticidas de tipo fumígeno. Otras substancias con resultados satisfactorios son el bromuro de etilo y e1 óxido de etileno y tetracloruro de carbono.

Disecar Insectos

Generalidades
La palabra científica que sirve para denominar a los insectos es entomología, la cual deriva del griego (entomos y logos, insecto y tratado, respectivamente). Tiene por objeto la recolección y el estudio de los insectos.
Por otra parte, se trata de una de las ciencias más complejas que existen, pues las especies de insectos se calculan en millones.

Recolección
Dado el enorme número de especies distintas, puedes encontrarlos en los más variados lugares. Sin embargo, su recolección te será más fácil en los siguientes sitios:
Flores y plantas: debido básicamente a que deben acudir a éstas para libar su jugo. Piedras: ahí suelen refugiarse algunas clases de insectos para rehuir la luz.
Orillas de arroyos, torrentes y lugares húmedos: la humedad favorece la putrefacción, lo que supone una considerable fuente alimenticia.

Troncos viejos: también les sirve para su alimentación y depósito de sus larvas. Cavernas: en ellas encontrarás los insectos denominados ciegos y que viven siempre bajo una misma temperatura.

Focos de luz: por ser sensibles a las radiaciones, acuden con frecuencia a la luz.
Equipo necesario para la recolección
Para matar a los insectos recolectados, puedes utilizar unos frascos de boca ancha con serrín de corcho empapado en acetato de etilo, para los insectos de consistencia dura. Este producto asfixia al animal y permite maniobrar con sus extremidades una vez muerto. Los insectos de consistencia blanda, es decir, de estructuras aladas, deben ir en otro frasco de idénti. cas características, que contiene cianuro potásico, el cual deberás manejar con suma atención debido a su peligrosidad.

Es primordial para la recolección de insectos el uso de un cazamariposas de gasa o de nylon para no dañar sus delicadas estructuras. Existen tres tipos de cazamariposas: Uno de varillas plegables y muy delicadas, el cual se utiliza para la caza de mariposas e insectos en pleno vuelo (fig. 58-a, 58-b). El segundo tipo es de aro y varillas mucho más resistentes y sirve para la caza batiendo los arbustos o las ramas de los árboles.
El tercer tipo está destinado a la caza de insectos acuáticos y está compuesto de nylon con una tela metálica en el fondo.

Además de los cazamariposas deberás tener en tu taller unas pinzas blandas, hechas con muelle de relojero y, por lo tanto, de gran flexibilidad para no dañar la delicada estructura de los insectos. También. pueden serte de utilidad los llamados triángulos de papel, hechos con papel cebolla transparente y que te servirán para guardar el ejemplar (fig. 59-a, b). Utilizarás los tubos de cristal para guardar pequeños insectos que podrían perderse entre el serrín y el corcho.

Puede serte de mucha utilidad un aspirador (fig. 60); el más sencillo de ellos consiste en un tubo de cristal abierto por ambos lados, los cuales se cierran con sendos tapones. En cada uno de los tapones va incluido un pequeño tubo de material plástico, flexible y dirigido a la boca. Por uno de los tubos aspirarás cuando el otro esté dirigido hacia el insecto. El vacío creado por el cazador dentro del tubo al aspirar, provoca que el insecto penetre dentro del aspirador por el otro tubo. Aunque hay otros tipos de aspiradores, éste es el más sencillo y que te será más fácil de encontrar.

Además, necesitarás en tu taller otros diversos materiales como: varios tipos de pinzas, agujas enmangadas (fig 61), alfileres de distintos números (fig. 62), etiquetas (fig. 63), un reblandecedor o cámara húmeda (fig 64), dos tablas de madera blanda llamadas extendedores, que poseen una ranura central para depositar allí el cuerpo de los insectos, extendiendo sus alas fuera de la ranura (figs. 65, 66) (figs. 67, 68); las tablas de preparación deben ser blandas para poder clavar el insecto y ordenar sus patas y antenas (fig. 69). Debes también tener a mano una caja con un buen surtido de alfileres divididos en compartimentos (fig. 70).

Utilizarás la goma arábiga pero añadiéndole unas gotas de glicerina. Te será muy útil disponer de un par o tres de pinceles de distintos gruesos (fig. 71). Para las orugas puedes disponer de un aparato que se utiliza para insuflar el aire en el interior de aquéllas una vez se hayan vaciado éstas. Este aparato está compuesto de un tubo transparente en el que se deposita la oruga. El tubo se calienta por medio de un hornillo de alcohol, creando en su interior un ambiente seco y caliente. Luego, a la oruga se le introduce por el ano una aguja hipodérmica con la cual se le insufla el aire para que adquiera sus dimensiones primitivas (fig. 72).
Para el etiquetaje puedes utilizar un instrumento con tres desniveles (figs. 73-74).

Coleópteros
Al ser insectos de consistencia dura, habrás de matarlos por medio del frasco de acetato de etilo y serrín de corcho.
Puedes proceder a su preparación recién capturado el insecto. Empieza por extender, de forma simétrica, las patas y antenas, de forma que éstas sean perfectamente visibles desde arriba.
Coloca la etiqueta clasificatoria de su especie y, además, otra etiqueta anotando su procedencia y otros datos de la cap tura. De esta forma darás a tu colección un verdadero valor científico, a la vez que evitarás confusiones y mezclas entre los distintos insectos que exhibas (fig. 75).
Los insectos grandes se colocan en las tablas de preparación. Una vez pinchados se extienden
sus patas y antenas buscando una ordenación simétrica y pinchando con alfileres que sujeten sus extremidades. Esto se hace para conseguir que, cuando se sequen, conserven la forma que tú les has dado en la tabla de preparación. En ella deben permanecer un mínimo de ocho días.

Si se te rompiera alguna extremidad puedes pegarla con una gota de goma arábiga en la tabla de reparación.

Lepidópteros
Al tratarse de animales de consistencia muy delicada deberás matarlos por medio del frasco de cianuro potásico. Sin embargo, este producto endurece con facilidad las extremidades, por lo que habrás de realizar la preparación lo antes posible. También debes ir con cuidado, pues estás trabajando con animales de estructuras aladas que se rompen con mucha facilidad. Por supuesto, debes evitar al máximo tocarlos con las manos, pues perderían el polvillo de las alas, perdiendo con él su coloración característica. Utiliza, por lo tanto, las pinzas blandas y las agujas enmangadas. Para su preparación procederás abriendo el triángulo de papel donde habías depositado el animal, sacándolo con las pinzas. Al estar el animal muerto, las alas tienden a cerrarse, por lo que habrás de abrirlas soplando ligeramente y ayudándote de las pinzas. Una vez hayas abierto las alas, pinchas con un alfiler del tamaño adecuado el cuerpo hasta dos tercios la longitud del mismo. Luego lo llevas hacia la tabla extendedora y lo clavas en la ranura central, quedando, por lo tanto, el cuerpo instalado en la misma, mientras que las alas quedarán apoyadas en las tablas de los lados. Puesto que las alas seguirán tendiendo a cerrarse, las sujetas con unas tiras de papel cebolla y con la ayuda de alfileres. Después puedes empezar el arreglo de las antenas y demás extremidades por medio de alfileres. Nunca debes pinchar una extremidad sino tan sólo sujetarla.
Al cabo de siete u ocho días, el animal estará seco y en disposición para el etiquetaje. Por lo tanto, lo puedes llevar hacia la vitrina que le tengas destinada.

Otros Órdenes
Los hemípteros heterópteros (chinches de campo):
los pegarás sobre la etiqueta con una gota de goma arábiga.
Hemípteros homópteros (cigarras): las tratarás igual que las mariposas o lepidópteros. Ortópteros: no los matarás con acetato de etilo, sino con cianuro potásico. Los tratarás igual que los coleópteros. En los saltamontes puedes extender las alas un lado abiertas, para apreciar la coloración del ala inferior y el otro cerradas.
Odonatos (libélulas): también las matarás con cianuro potásico, actuando igual que con las mariposas.
Himenópteros (abejas, avispas): se matan con acetato de etilo.
Dípteros (moscas): procurarás preparar el ejemplar el mismo día de su captura. Deberás matarlas con cianuro potásico. Para las larvas de todos los insectos los matarás con alcohol de 70º, conservándolos en tubos de cristal.

Preparaciones microscópicas
Para la observación de insectos ectoparásitos de aves o mamíferos (piojillos o pulgas), el microscopio es el único medio que permite estudiarlos. Estos insectos suelen tener el cuerpo opaco y es necesario someterlos a un proceso de clarificación para su observación al microscopio con un líquido llamado doral-lactofenol, cuya fórmula es:
Hidrato de cloral 4 partes
Ácido fénico 4 partes
Ácido láctico 2 partes
Salicilato sódico 1 parte
Esta sustancia ofrece la ventaja que los insectos u órganos pueden ser observados, poco tiempo después de ser preparados. Para hacer preparaciones duraderas cuando el cloral-lactofeflol haya clarificado el insecto, éste puede exprimirse entre papel secante, pasarlo al xilol unas horas y luego montarlo entre porta y cubre con Bálsamo del Canadá, dejando la preparación en estado horizontal por espacio de 2 a 3 días hasta que se seque. Otro líquido muy utilizado como clarificador es el líquido de Hoyer, cuya fórmula es:
Goma arábiga 3 gr
Agua destilada 5 cc
Hidrato de cloral 120 cc
Glicerina 2 cc
Este líquido tiene la ventaja de servir como pegamento entre porta y cubre. La única precaución es que hay que guardar las preparaciones en posición horizontal, debido que el líquido se reblandece por efecto de la humedad. Un sistema muy rápido es hervir el insecto en ácido