miércoles, 2 de junio de 2010

Pequeños mamíferos

Se entiende por pequeños mamíferos los animales de este tipo de vertebrados que son menores que el zorro, el cual se considera como el más grande de los de pequeño tamaño.

Desuello
Con los pequeños mamíferos debes tomar las mismas precauciones y cuidados preliminares que con las aves. De todas formas, con ellos tienes la ventaja de poder guardarlos después de la caza en un recipiente con alcohol, garantizando una perfecta conservación.

Una vez en el taller de taxidermia, y antes de proceder al desuello, debes siluetear el contorno del animal y tomar todas aquellas medidas que puedan serte de utilidad en el transcurso del montaje (fig 22). Las anotaciones, con las lógicas variantes, deben ser similares a las que has realizado para las aves y las pieles.

Una vez hechas todas las observaciones que creas necesarias, y seco el animal (si lo has conservado en alcohol), o bien, una vez descongelado (si lo has mantenido por el proceso de congelación) puedes proceder al desuello:

Colocarás el animal apoyado sobre su dorso y con las patas extendidas, sobre la mesa de trabajo. Procura que el vientre quede dispuesto hacia arriba para poder practicar con facilidad la incisión. La cabeza debe de estar en el lado contrario a donde tú te halles. Ahora tienes el animal en perfecta colocación para poder trabajar a gusto. Alisa el pelo de su abdomen, separándolo hacia los laterales del vientre y de manera que te quede una línea recta bien centrada. Por esta línea, corta la piel con un escalpelo desde la punta del esternón hasta el ano, poniendo sumo cuidado en bordear los órganos genitales. El corte debe ser superficial, procurando evitar que no se abra la pared abdominal, lo cual produciría un derrame de las vísceras y de la sangre. Con los dedos, y con la ayuda de unas pinzas, procura separar la piel a partir de la incisión central para evitar que ésta moleste el avance del escalpelo (fig. 23).

Si quieres conseguir que el cuerpo se seque rápidamente, espolvoréalo con harina o yeso. Cuando llegues a la altura de los miembros posteriores, deja al descubierto la articulación del fémur con la pelvis para poder cortarla. Luego descarna todo el miembro posterior y elimina todos los residuos de carne que pudieran haber quedado adheridos a la piel (fig. 24).
Al llegar a la cola extraerás las vértebras de aquella zona. Ayúdate de un par de maderas, las cuales, sujetadas con una mano, mantendrán la piel alejada del cuerpo. Mientras, con la otra mano, tira de las vértebras hasta que las hayas extraído en su totalidad (fig. 25).

Limpiar los pequeños residuos de carne que puedan quedar en la cola.
Prosigue separando la piel del lomo hasta que llegues a las extremidades anteriores, en donde cortarás la articulación del húmero con el omoplato; y realizarás posteriormente las mismas operaciones ya efectuadas en las extremidades posteriores (fig. 26). Desuella a continuación el cuello hasta la base del cráneo, y sigue después con el resto de la cabeza (fig. 27).

Al llegar a los ojos debes trabajar con mucho cuidado para no dañar los párpados. Sigue separando la piel hasta llegar la nariz y los labios. Cuida de que estos últimos queden sujetos a la mandíbula inferior. El cráneo debes vaciarlo meticulosamente procurando siempre la máxima limpieza posible. Una vez realizadas todas estas operaciones, puedes volver la piel del revés y someterla a un baño de agua para eliminar las posibles manchas de sangre que existan. Si ves que el agua se ensucia, repite el baño. Luego debes curtir la piel con un ligero baño de alcohol desnaturalizado. Esto hará que la piel se conserve flexible y suave. La piel permanecerá en alcohol, por espacio de quince días, antes de proceder al montaje.

Montaje
Supongamos que hayas decidido el montaje con maniquí. Como has hecho con las aves, deberás formar el maniquí o cuerpo con viruta fina que sujetarás con el bramante. Debes tener en cuenta que la piel habrá encogido con el baño curtiente y, por ello, el maniquí habrá de ser algo más pequeño.

Corta cinco alambres: uno para la cabeza, cuello y cola y cuatro para cada una de las extremidades.

El primero de los alambres lo envuelves en algodón hasta darle la forma del cuello. Luego lo clavas en el maniquí de tal manera que sobresalga por el otro lado (fig. 28). El extremo de este alambre deberá encajar en la cabeza, haciéndolo pasar por el agujero encefálico.
Los. alambres de las patas los introducirás entre el hueso y la piel, clavándolos posteriormente en el maniquí y haciendo, en cada extremo de alambre, un pequeño gancho que sujetará la forma dentro del cuerpo. Esta operación debes real izarla con todos los alambres. El trozo de alambre que va de la pata al maniquí lo envuelves con papel, que atarás çon hilo. Así evitarás cualquier rozadura con la piel. Rellena las extremidades con algodón y viruta fina hasta darle el grosor original a cada pata.

El quinto alambre, que destinas a la cola y que es el mismo que va de la cabeza a la cola, debe tener el doble de la longitud. En primer lugar, lo envuelves en algodón y lo introduces después dentro de la piel hasta que llegue a la punta de la cola.

Puedes proceder ya a coser la piel, cuidando de rellenar todos los huecos que haga falta. En el cráneo, introduce el algodón por la boca (figs. 29, 30, 31).

Por último, aplicarás masilla o arcilla en las órbitas oculares para poder colocar los ojos. Coloca al animal en una peana y retoca las partes que lo precisen. Cepilla y peina la piel, y pon a secar el animal durante un plazo mínimo de tres semanas. Una vez seco retoca con pintura los labios, orejas y párpados, acabando así el montaje (fig. 32)

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